viernes, 30 de octubre de 2015

Desayuno en negativa

Anoche no querían tocarse, pero se mintieron.
Besó cada parte de su cuerpo, le vendió mil caricias por aquellos recovecos, que en otro tiempo hubieran sido regaladas. Amoldó sus manos a esas caderas que hacían doler el centro de su palma y decidió apagar la luz como un adolescente para no tener que chocar con su mirada.
Ella clavó sus uñas en su espalda dejando marcas para cicatrizar, quitando la anestesia que antes las convertían en las huellas de caricias angelicales. Se preocupaba porque su pelo se mantuviera sin desprolijidades, le molestaba su aliento en la cara y dio un gran suspiro cuando él dejó la habitación a oscuras…pudo fijar su vista en las hendijas de la ventana que daban paso a la luz lunar.
Ya luego simularon dormir pegando sus espaldas y él pensó en el tiempo pasado, en las tardes caminadas en el parque, en los besos dados en medio de la calle que rodea plaza Italia cuando los autos estaban castigados por el semáforo en rojo y en la cantidad de cenas que le regaló a pesar de no llegar a fin de mes.
Ella recordó la vez que lo conoció, tontamente lo creyó el hombre de su vida. Pensó en las largas noches que buscó espantar sus fantasmas y lo que le costaba sacar las espinas de su espalda. Imaginaba el aroma de las flores que él le regalaba cada vez que habían discutido, las canciones que habían decidido como “suyas”, las tardes comiendo helado porque las ganas de cocinar no eran bienvenidas y la contracción que sufría su pecho cuando él ajustaba su cinturón para ir al trabajo.
Una hoguera se presentaba en ese lecho, llevaban largo trecho de la relación sin escucharse (con el corazón, claro), ya no deseaban regalarse la luz del día y no se importaban al verse en ruinas. La vez que creyeron caer en la realidad…él cortó el pensamiento haciendo una llamada (tonta pero con buen escape) y ella descolgó su abrigo del perchero y grito “voy a hacer las compras”. Ya la vanidad del llanto se paseaba por aquel departamento porque a él le daba lo mismo su cuerpo o un témpano de hielo y ella cubría sus caricias del perfume que alguna vez le regaló. 
Porque ya los rastros de la soberbia le continuaban a sus curvas, porque la arrogancia le sudaba en el pecho.
A la mañana siguiente despertaron, ella preparó el desayuno y él apareció en la cocina:
- Buenos días, mi amor (le da un beso en la frente)
- Buenos días, mi vida te esperaba para que desayunemos juntos.
(Se sentaron en puntas separadas)

El amor hace poderoso al hombre

No es poderoso quien posee llanuras interminables, o se viste la piel con piedras preciosas, o en su mesa tiene plateria de oro y plata.
Porque esa riqueza es la que alaban los ambiciosos y materialistas.
Poderoso es aquél que rotura la tierra con un buey y un trozo de madera para volcar la simiente.
Y mas poderoso aún es si realiza esta tarea feliz y cantando.
Ese al que crees poderoso, puede ser el más mísero y desdichado de los seres.
Poderoso es aquél que puede ver una puesta de sol a orillas del mar en verano, y emocionarse al ver el cielo teñirse de rojo.
El que puede gozar del arrullo del agua de un manantial contra las piedras

"El amor hace podoroso al hombre, no otra cosa.."